miércoles, 3 de junio de 2015

Las decisiones se traducen en acciones.

Por Fabiola Guerrero Ojeda.

Desde muy pequeña, a los7 años, me gusta leer, disfruto mucho mi espacio leyendo, considero que es un actividad única porque me permite ser yo en toda la extensión de la palabra, tener una actitud completamente honesta con el libro, con la historia que me cuenta el libro, se establece un diálogo único que me permite no sólo inmiscuirme en el líneas y su historia, también en cada uno de los personajes que aparecen en esa narrativa. Además al leer un libro me permite establecer un mundo de necesidad personal, alegría, tristeza, enojo, frustración, esperanza, júbilo, amor, desamor, es decir, en la lectura puedo encontrar lo que yo quiero y necesito.
Mi gusto por la lectura nació cuando una persona me regaló el libro El ruiseñor y la rosa y otros cuentos. Poemas en prosa de  Óscar Wilde. Esos pequeños cuentos me introdujeron al mundo de la lectura. Nadie me obligaba a leer, creo ese fue un elemento fundamental para sumergirme en un libro. 
Mi pasión por la lectura me llevo a decidir dar clases de Español, Taller de Lectura y Redacción, Literatura, con dicha actividad he podido sembrar el gusto y afición a la lectura en algunos alumnos. Creo que el amor con el cuento la sensación que me provoca leer un libro,han sido un buen gancho para motivar a mis alumnos a leer. Gracias a los programas educativos he caído en la mala costumbre de pedir que lean por obligación pero cuando recuerdo que ese no es camino para provocar un acercamiento a la lectura, dejo a un lado los programas educativos y busco mis propias herramientas para hacer que mis alumnos lean.
La principal premisa para dejar una lectura es, ofrecer propuestas de lectura pero que el alumno decida qué quiere leer y a quién quiere leer.
La literatura es una bella arte  y a veces se puede tener la inquitud por leer pero no se sabe qué leer, por lo tanto es necesario proporcionar ciertas pautas para dirigir a un posible lector a inmiscuirse en mundo de la lectura.
Me parece que la mayoría de los cursos, asignaturas o taller que hay sobre literatura están diseñados en base a un programa que “alguien” propuso y según mi experiencia es ahí el mayor error al diseñar un curso sobre literatura.
Actualmente la educación nos ofrece una mayor gama de herramientas para diseñar cursos, una modalidad son los cursos en línea y en ellos debemos proponer cursos con mayor apertura y autonomía para los alumnos. Los términos de autonomía y apertura son muy amplios pero a groso modo, puedo decir que en la educación tienen que ver con dejar que el alumno sea el protagonista de su aprendizaje, es decir que el alumno construya su propio proceso de enseñanza aprendizaje y el docente debe ser una guía para ello. Por lo tanto, en un curso en línea el docente diseña material y contenidos para un grupo definido de alumnos, establece tiempos de entrega, guía a la reflexión pero el alumno es quien crea su propio aprendizaje con y a partir de intereses personales, es decir el alumno toma decisiones que se convierten en acciones para potenciar su aprendizaje.



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